Blog Oficial de la actriz y escritora Sevillana María de Adorna

Bienvenidos a la web oficial de María Muñoz Ballesteros, más conocida como "María de Adorna". Actriz sevillana, mujer con carácter, apasionada y luchadora. Artista Sevillana, dedicada en cuerpo y alma a su gran pasión "El Teatro". Sus recuerdos, sus pensamientos, sus pasiones, SU VIDA.

En este lugar se intentará dar a conocer a esta artista, escritora y actriz sevillana de 84 años que pese a su edad no ha dicho no a las nuevas tecnologías. Ella contará sus recuerdos, hará memoria de su vida paso a paso. Una Guerra, una Niña, un Amor único, un Trocito de Historia.

lunes, 27 de marzo de 2017

27ª Parte del resto de mi vida...

Fueron pasando los días, los meses y llegó Septiembre, por fin Margarita iba al colegio cerca de su nueva casa. Fue el colegio de la Borbolla, Margarita casi ocho años, Inmaculada cinco recién cumplidos aún ese año no iría. Margarita sabía leer y las cuatro reglas, Adorna se había encargado hasta ese día de su educación y en el Tiro de Línea también había ido un año a otro colegio. Eran listas y todo lo aprendían rápido, una de las cosas era jugar al ajedrez, pocos niños en esa época sabían pero Adorna era un buen jugador y las había enseñado. 

El Colegio de San Pablo que teníamos justo enfrente de casa no se inauguró hasta unos años después, teníamos la intención de cambiarlas a él cuando pudiéramos pero en la vida hay veces que lo que uno propone no se realiza por circunstancias que ya os contaré más adelante, las niñas nunca irían al Colegio de San Pablo.

La vida iba cambiando muy deprisa, yo volvía a sentirme con energías, mi carácter empezaba a ser el mismo de antes de casarme, no es que después de casarme no fuera la misma luchadora ni perdiera las ganas de vivir, solo que me había adaptado a una rutina diaria que no me gustaba ya que mi niñez y mi juventud fue diferente, en esas épocas ningún día era igual a otro y después de la boda fue todo lo contrario.

Tendría Francisco Javier unos treinta meses cuando algo ocurrió que me hizo ser otra vez esa mujer sin miedo a nada y hacer cosas sin pensar en las consecuencias. El piso, como ya os he contado, tenía cuarto de baño, cocina y una pila, todo ello daba a un tabique con una especie de balcón interior donde al mirar para abajo se veía un hueco, no daba a la calle porque la pared de frente tenía una celosía de material, agujereada, por donde entraba la claridad. La pared del cuarto de baño también daba a ese huevo y tenía una pequeña ventana.

Os dejo foto de la fachada donde podéis ver lo que explico, esa parte de ladrillos con agujeros daba a la calle, dentro había como un metro sin suelo y lo separaba un balcón y la pared del cuarto de baño pero no se veía desde el exterior, en esta foto podéis ver como la parte de abajo sigue en muchos pisos con los ladrillos de agujeros y la parte de arriba dos ventanas, serían de la cocina y el cuarto de baño, en aquella época todo era de ladrillos como los de abajo y no se veía nada de dentro.



Piso Polígono San Pablo

Francisco Javier fue al cuarto de baño para hacer pipi sin que yo me diera cuenta y cerró un pestillo que había por dentro. Cuando quiso salir no podía abrir la puerta y empezó a gritar: -mami... mami...no puedo abrir- yo le decía como hacerlo él nervioso  y yo también, no sabía qué hacer, Adorna no estaba, era domingo y había ido a ver a su Betis, yo tiraba, empujaba la puerta y no conseguía abrirla, sin pensarlo mas me fuí para la cocina y saltando la baranda puse los pies en los agujeros de la celosía, fui agarrándome a ella todo el trayecto desde la cocina hasta la parte frente a la ventana del cuarto de baño que por suerte estaba abierta, no sé como pude entrar por una pequeña ventana, ni como pude alcanzarla, el peligro es que si un pie se escurría yo caería al vacío de cinco plantas.

Cuando el niño me vió que intentaba entrar por la ventana me dijo: -mami ten cuidaito...- caí de cabeza escurriéndome hasta la bañera, allí ya me incorporé y pude ponerme de pie y abrazar a mi niño, abrí la puerta y pudimos salir. Lo malo vino después, cuando llegó Adorna y mis hermanos y se lo conté, hasta entonces no me dí cuenta de la locura que había hecho y lo peligroso de mi aventura. Al día siguiente teníamos albañiles en casa, tiraron la tapia, pusieron suelo a la parte que faltaba y de esta forma la pila y la ventana del cuarto de baño quedó dentro de ese espacio y se amplió la cocina, Ya no veía las ventanas de mis vecinos de abajo y todos poco a poco fueron haciendo lo mismo y mas tarde tirando celosías y poniendo ventana y ampliando también los cuartos de baños.

Otra de las travesuras de Francisco Javier, no tardó en llegar. Sería octubre o noviembre cuando llamaron a la puerta y traían al niño dos señores con camisas azules, sus hermanas que estaban cuidándolo en la calle, también venían con ellos. Me dijeron que querían hablar con Adorna, venían muy enfadados. Nos dijeron que el "niño" cada vez que pasaban por la plazoleta les decía: -Cabrito, eres un cabrito...- Nos explicaron que ellos estaban al cargo de cuidar el orden del barrio y no podían consentir que un niño les faltara al respeto, ya que era él quien los ofendía pero que todos los mayores se reían. El niño entró en casa como si la cosa no fuera con él, Adorna le preguntó:

-Nene, ¿qué  le dices a estos señores?- 
él contestó:
- cabritos- 
-¿Por qué le dices cabritos?-
-porque no tienen pelos en la cabeza-
Adorna miró a aquellos hombres y les dijo ¿qué podía él hacer?, los señores le dijeron que no se preocupara, no pasaba nada pero que no lo dijera mas, además pidieron disculpas por la forma de llegar a casa, al parecer no sabían que era hijo de Adorna y le conocían.

Después cuando investigamos con las hermanas, supimos que eran los mayores los que le decían que se lo dijera y él lo hacía.

Los días pasaban, Adorna muy temprano levantado para ir a trabajar, la niña en el colegio y yo con las tareas de la casa. Margarita no iba sola al colegio, yo la llevaba y sus hermanos  venían conmigo, lo mismo a la hora de recogerla, ese curso sería así luego ya veríamos porque el colegio no estaba lejos y Margarita era espabilada para ir sola y cuidar de su hermana si empezaba al año siguiente. Por las tardes aprovechaba que Adorna estaba en casa y iba muchos días a casa de mi madre para echarle una mano y siempre iba andando.

Voy a explicarle, principalmente a los sevillanos que pueden extrañarse como iba y venía andando porque hay mucha distancia, yo no echaba mas de media hora.

Entre el Tiro de Líneas y el Polígono de San Pablo solo existía la Cruz del Campo, la calle Oriente (ahora Luis Montoto), lo demás todo era campo, solo el Estadio del Sevilla y en nada llegaba a la Pirotecnia, detrás ya estaba el Tiro de Línea, al ser campo y muy llano, no existir coches ni nada, era un camino recto y se hacía fácil atravesarlo.

Una tarde que iba con los niños estaba jugando un partido el Sevilla y las puertas estaban abiertas porque ya faltaba poco para acabar, la mala suerte que ese día jugaba el Sevilla con el Betis y perdió el Betis, el niño me dijo; -pobrecito el Betis mama, cuantas cosas malas le dicen, yo no vengo más aquí- le explicamos que aquello era el fútbol y eso pasaba también en el campo del Betis si ganaban a otros equipos y él dijo: -vale... pero a mí no me gusta- el padre y yo nos miramos, no sé si os he contado que yo tenía más simpatía por el Sevilla antes de casarme con Adorna, él no, él bético de toda la vida para los niños eso aún no había sido tema de conversación hasta ese día, los tres decidieron ser béticos y yo poco a poco tuve que cambiar también por simpatía y quizás la más bética y menos simpática con el Sevilla de todos, soy yo, pero nunca anti sevillista.


Los niños siempre venían muy contentos de ver a su abuela y sus tíos, a ellos todo le parecía poco y no les importaban las caminatas que nos dábamos los fines de semana a través del campo porque las chucherías, los tebeos y algunas cositas mas siempre les esperaban en sus visitas. 

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