Blog Oficial de la actriz y escritora Sevillana María de Adorna

Bienvenidos a la web oficial de María Muñoz Ballesteros, más conocida como "María de Adorna". Actriz sevillana, mujer con carácter, apasionada y luchadora. Artista Sevillana, dedicada en cuerpo y alma a su gran pasión "El Teatro". Sus recuerdos, sus pensamientos, sus pasiones, SU VIDA.

En este lugar se intentará dar a conocer a esta artista, escritora y actriz sevillana de 84 años que pese a su edad no ha dicho no a las nuevas tecnologías. Ella contará sus recuerdos, hará memoria de su vida paso a paso. Una Guerra, una Niña, un Amor único, un Trocito de Historia.
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martes, 6 de diciembre de 2011

Mi niñez en la guerra (3ª parte)

Antes de seguir quisiera aclarar que estos recuerdos para mí, como una niña que era, fueron felices. Mis padres, al menos delante de nosotros, no hablaban de lo que pasaba. Mi hermano Antonio y yo comentábamos los ruidos que escuchábamos a lo lejos. El era mayor que yo, ya habían pasado dos años del comienzo de la guerra, tenía 8 años y mi hermano 14, seis más que yo. El pequeño Manolo tenía ya más de un año y empezaba hablar.

Sigo dónde me quedé. Estábamos en La Coronada, pedanía de Fuente Ovejuna, provincia de Córdoba. No puedo contar nada del pueblo porque no salía de casa casi nunca, sólo de casa a la panadería y jugando con "Linda" una perra pastor alemán que un señor de una huerta cercana le regaló a mi padre. No recuerdo niños en el pueblo y mucho menos dónde nosotros estábamos ya que vivíamos cerca de dónde acampaban los militares.


Un día nos desplazaron para Villanueva de Córdoba, no eran los mismos militares, estos ya eran republicanos. A "Linda" la tuvimos que dejar, no permitieron que fuera con nosotros. La casa dónde vivimos era grande, de dos plantas y muchas habitaciones, la mayoría estaban cerradas. El ejército era quien se encargaba de buscarnos alojamiento. Sólo ocupábamos la cocina, un patio y algunas habitaciones de la parte de arriba. Mis padres nos dijeron al llegar que las puertas cerradas no se podían abrir.


Villanueva de Córdoba


Una madrugada, mas o menos a la hora que mi padre se levantaba para hacer el pan, sentimos ladrar a un perro y arañar la puerta. Nuestra sorpresa fue muy grande cuando vimos que era "Linda", había venido buscándonos desde La Coronada, recuerdo que al menos 3 meses habían pasado desde que la tuvimos que dejar. Mi hermano y yo nos llevamos muchas horas abrazados a ella, sobre todo mi hermano, la quería mucho y sintió tenerla que dejar.

Un día me encontré en una alacena una cesta con ovillos de lana, mi hermano Antonio me hizo unas agujas de punto con radios de bicicleta y yo me llevaba todo el día haciendo y deshaciendo punto. Gracias a la dueña de la casa que dejo en un rincón esa canasta comenzó mi pasión por el punto que tanto me ha ayudado en mi vida, hice bufandas de colores para todo el mundo.

Tenía 8 años y aún no había ido al colegio, aprendí cosas porque siempre estaba preguntando. Un día escuche a uno de los hombres que trabajaban con mi padre en la panadería:

 -¿Dónde vamos hoy maestro?-.

 Inocente yo le pregunte a mi padre:

-¿Papa, tú eres maestro?-.

El me miró y como siempre me contesto con una explicación:

-Sí, hija, soy maestro… -.

-¿De que colegio?, yo no voy-.

 El me explicó que era maestro en su oficio que para hacer el pan hay que saber las medidas de agua, de harina, el tiempo de cocción, etc. por eso se le llama maestro de pala a los panaderos, es por la forma de sacar el pan en su punto.

Estando a solas un día mi hermano Antonio y yo, el me dijo:
-María... Yo me voy a ir con los abuelos a Sevilla, estoy guardando bellotas y castañas para el viaje-.

Yo empecé a llorar y mi madre intervino porque creyó que algo malo me estaba pasando. Le dije:
 -No mama, no me hace daño, es que se quiere marchar a Sevilla-.
Mi madre llorando le pidió que por favor no lo hiciera y nos dijo algo que no sabíamos, mi padre estaba muy enfermo. Mi hermano si entendió en las circunstancia que se encontraba mi padre pero yo no lo supe hasta mas tarde. Mi hermano le prometió a mi madre que no se marcharía.

Villanueva de Córdoba

Mi hermano Manolo, ya os he dicho, empezaba hablar. Yo era la encargada de enseñarlo, mi madre, ya estaba embarazada de mi hermano pequeño y entre sus pocas ganas de vivir, el embarazo, la guerra y la enfermedad de mi padre, poca cuenta le echaba. Todas las noches al irnos para arriba a dormir, yo le decía:

 -Manolo ¿Qué nos llevamos para arriba?-.

 El con su media lengua me decía:

-“aia..a ana, aba, apele a una apele a so”-.

Nadie sabía que quería decir, yo si lo entendía porque me señalaba las cosas:

 -María, palangana, agua, almanaque-.

Era lo único que teníamos nuestro en la cocina donde estábamos todo el día.

Poco más recuerdo de esos meses, sólo que un día y esto es quizás de los más importantes que tengo de mi niñez... del sufrimiento de mi madre. Ella se fue para la habitación de arriba quejándose mucho y llorando. Le decía a mi hermano:

-Antonio, hijo. Por favor, ayúdame. Pon agua a calentar, busca una tijera y un cordón-.

 Mi hermano la ayudó a subir a la habitación y yo con mi hermano Manolo nos fuimos detrás de ellos y nos sentamos en el escalón de la puerta abierta. Vi como mi madre se tumbaba en la cama. Como mi hermano Antonio empezaba a ayudarla, el tenía 14 años, lo recuerdo y aun me emociono…

 A los pocos minutos mi padre volvió con un medico militar, ese señor ya nos dijo que nos fuéramos de allí. No tardamos mucho en escuchar el llanto de mi hermano Gonzalo.

La fecha era el 29 de marzo de 1939, Franco anunció 3 días después que la guerra había terminado, nosotros nos enteramos el día que nació mi hermano porque el médico militar se lo dijo a mi padre.
Para mis hermanos y para mí, empezaba nuestra guerra particular. La vida seguía y no sabíamos que nos deparaba.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Mi niñez en la guerra (2ª parte)

Dejé el relato en mis recuerdos en Bellavista, habían pasado 6 o 7 días de estallar la guerra. Mi padre, como ya he dicho, se quedaba en un hotel de Sevilla porque nunca se quedaba en casa de mis abuelos. Nos recogió, a mi madre, mi hermano Antonio y a mí. Nos fuimos a Puente Genil donde vivía su hermana y sus hijos. No recuerdo si eran 2 o 3, lo que si recuerdo que eran varones. Una noche mi madre se puso de parto, estaba de siete meses, fue un susto por un portazo, ella creyó que era un tiro. 

"Tiznao" toscamente blindado capturado por Requetes en Puente Genil


No he comentado antes, que mi madre cuando llegó a Sevilla a ver a su hijo mayor Manolo y se encontró que ya estaba enterrado, iba embarazada, ella aún no lo sabía y el golpe fue tan duro que al recibir la noticia de boca de su padre, cayó al suelo sin conocimiento. Esto ya le ocurrió toda su vida, cualquier emoción fuera buena o mala, ella se desmayaba, con el riesgo de hacerse mucho daño. Ella aprendió a vivir con ello y sabía controlarse y prevenir cuando le ocurría.

Desfile de las Centurias por la calle de la Plaza. A la izquierda, la casa de Los Cristalitos

La noche que mi madre se puso de parto, recuerdo hasta lo que comíamos, le llamaban "ropa vieja" eran garbanzos que sobraban del cocido y se refríen con cebolla. En fin, recuerdos que nunca se olvidan. Esa noche nació mi otro hermano al que le pusieron Manolo en recuerdo del fallecido.

Puente Genil era zona nacional en ese momento, lo mismo  que Sevilla. Mi padre quería ir a Madrid porque tenía algunos amigos en el ambiente de teatro que se marchaban para Argentina pero no pudimos llegar , Madrid estaba en zona roja.  Viajando mucho, no se como, llegamos a Bilbao, anteriormente os conté que de allí tenia un bonito recuerdo de una señora llamada doña Antonia, dueña de la pensión donde nos quedamos. La pensión era para personas de clase media-alta y que no tuvieran niños porque molestaban pero al vernos llegar, sobre todo a mi madre y mi hermano pequeño, ella nos dio alojamiento en contra de los otros huéspedes.


(Esta es la Bilbao que conocí cuanto daría por ver el de ahora)

Era muy pequeña, mis recuerdos de esos meses de viaje y guerra fueron felices, viajé  mucho, conocí mucha gente y fueron pasando los meses. Mi hermano Manolo cumplió 9 meses y aún no se había bautizado. Mi madre se lo dijo a la doña Antonia y ella se ofreció a ser la madrina. Esto lo recuerdo bien porque cuando mas tarde mi hermano Manolo necesitó para su boda la partida de bautismo, aún vivía ella y le ayudo con la dirección de la parroquia.

¿De que vivíamos? Os preguntaréis... y si no os preguntáis, yo lo cuento. Los militares le preguntaron a mi padre que sabía hacer además de actor. Mi padre le dijo que panadero, ya que era la profesión de sus padres y algo sabía del tema.  Eso nos llevó a volver al punto de partida.

Nos indicaron que debíamos coger un tren que volvía para Córdoba. Al llegar a la estación mi padre nos subió a un vagón y nos compro cositas para entretenernos en el viaje. Mi madre todo lo hacía a cámara lenta, ella no tenía muchas ganas de vivir y mi padre siempre le repetía "María abrevia, vamos María".Viendo que pasaba el tiempo y el tren no salía, mi padre preguntó y al parecer estábamos en un vagón de tren pero no enganchado a nada. El tren había salido ya hacía mas de una hora. El ejército nos ayudó a buscar medio de locomoción para poder coger el tren en la próxima parada.

Y vuelta a Puente Genil, mi padre como panadero del ejército nacional. Llevaba tres hombres con el trabajando y sus familias. De Puente Genil a La Coronada, un pueblecito pequeño. Allí acampaba el ejército, dos veces al día recogían el pan.

La Coronada es una pedanía de Fuente Ovejuna.


Yo siempre estaba con mi padre y a mi madre con el pequeño Manolo acompañaba todo el día por mi hermano mayor, Antonio. Cuando llegaban los militares las dos veces a recoger el pan el saludo era: "Viva Franco, arriba España". Un día llegaron unos soldados y el saludo fue: "Salud camaradas", yo le pregunte a mi padre: -¿Papa, estos son de los buenos o de los malos?-, el soldado mirándome muy fijo me dijo poniéndome una mano en el hombro: "Niña somos de los que no tenemos culpa de nada". No hice mas preguntas, mi padre me advirtió que nunca preguntara nada y sobre todo que nunca me alejara de su lado.






martes, 29 de noviembre de 2011

Mi niñez en la guerra

Tenía seis años cuando comenzó la guerra, después de la muerte de mi hermano mayor Manolo nos quedamos una temporada en Sevilla. Vivimos en el barrio de Bellavista en casa de mis abuelos maternos. Era un barrio pequeño, recuerdo que tenía una calle principal que empezaba en la fábrica de uralita, a la derecha la venta de Antequera y en la parte izquierda unos cuantos chalés importantes. Los niños le teníamos nombre: el chalé de Villa Valencia, el chalé de la Bola, etc. Mis abuelos vivían en un chalé cuyo propietario era un señor llamado Joaquín Escobar, al lado otro cuyo dueño era de D. Manuel Lara. Frente a la zona de los chalés estaba la venta de la Salud donde paraban todos los coches que iban o volvían de Sevilla. Esto lo describo porque tenía una gran tapia, no muy alta y donde tengo uno de los recuerdos mas trágicos de la guerra. Allí, una mañana no recuerdo la fecha exacta pero sería el veintitantos de julio de 1936, llegaron a casa militares y ordenaron a todo el mundo salir y colocarse en la tapia. Mi madre me abrigó con una sabana, era muy temprano, a todo el barrio los obligaron a estar allí durante mucho tiempo. Yo preguntaba que pasaba y me contestaban que no pasaba nada, solo me decían que estuviera calladita.

Venta Antequera

Los militares iban y venían de la venta de Antequera a la venta de la Salud, mientras todo el barrio esperaba. Una de las personas que estaban en la fila salio corriendo para el paso de nivel de Dos Hermanas, le dieron el alto, siguió corriendo y le dieron un tiro por la espalda. Años después me explicaron que entre las personas había dos hermanos que le llamaban los "cabreros" uno de ellos se asustó y por eso corría. Muchas mas cosas pasaron en los siguientes años de guerra pero este momento fue el mas trágico de mis recuerdos de los  tres años que duró.

En aquellos momentos no estaba mi padre con nosotros, él nunca se quedaba en casa de mis abuelos. Mis abuelos lo rechazaron desde el primer momento que conoció a mi madre y se casaron en contra de su voluntad cuando mi madre cumplió la mayoría de edad. El motivo de no querer a mi padre era por su profesión "actor".

Como anteriormente he dicho, mi padre nació en Puente Genil. Sus padres tenían una panadería, él trabajaba con ellos pero quiso tenía otras inquietudes y se fue a Madrid a estudiar Farmacia. Le gustaba mucho el teatro, en Puente Genil había mucha afición y cuando llegó a Madrid para ayudarse en los estudios busco trabajo de "clac" (claque: grupo de personas que asisten a un espéctaculo para aplaudir) en varias compañías del momento. Destacó y dejó los estudios. Desde ese momento se dedicó de lleno al teatro. Así fue como conoció a mi madre. Vino a Sevilla a trabajar al teatro Llorens en la calle Sierpes, este teatro ya no existe pero fue muy importante en aquella época.

                                                                       Teatro Llorens

Se preguntareis por que siendo actor y mis abuelos también, no lo admitían como yerno. Mi abuelo como es lógico para su única hija quería algo mejor, no un "simple" actor panadero de Puente Genil. El amor pudo más... y con la ayuda de un tío de mi madre, Guillermo y su abuela María, "os recuerdo que por ella llevo su nombre", mujer de  gran carácter y casada con un francés, mi cuarto apellido es Garceaus, se pudieron casar por poderes, mi padre en Madrid y ella en Sevilla. Mi abuelo no lo perdono en su vida ni en la hora de su muerte, siempre tuvo rechazo a todo lo que de él viniera, sus nietos y en especial yo, era la que más me parecía a mi padre.