Blog Oficial de la actriz y escritora Sevillana María de Adorna

Bienvenidos a la web oficial de María Muñoz Ballesteros, más conocida como "María de Adorna". Actriz sevillana, mujer con carácter, apasionada y luchadora. Artista Sevillana, dedicada en cuerpo y alma a su gran pasión "El Teatro". Sus recuerdos, sus pensamientos, sus pasiones, SU VIDA.

En este lugar se intentará dar a conocer a esta artista, escritora y actriz sevillana de 84 años que pese a su edad no ha dicho no a las nuevas tecnologías. Ella contará sus recuerdos, hará memoria de su vida paso a paso. Una Guerra, una Niña, un Amor único, un Trocito de Historia.

lunes, 21 de marzo de 2016

24ª Parte del resto de mi vida...

Los últimos días en en el refugio lo dedicamos, otra vez, a hacer maletas, guardar las pocas cosas en cajas y procurar tenerlo todo preparado para cuando llegara el día.

Todas la vecinas hacíamos lo mismo pero sabíamos que todos juntos no marcharíamos. Yo una de esas noche le pregunté a Adorna si él sabía cuando teníamos que dar el dinero, no sabía si era a la entrega de las escrituras y tampoco si ese mismo día nos darían la llave del piso. Adorna me dijo que posiblemente las llaves nos la darían antes para ir preparando cosas, contrato de luz, etc.

Por fin llegó el día, sería mediados de marzo cuando llegó Adorna del trabajo y me dijo:

-Mañana a las 12 tenemos que estar en el Polígono de San Pablo (nuestro barrio a partir de ese momento) para entregarnos las llaves, no comentes nada. Solo serán 30 las que darán y son las primeras en la calle Tanguillos. Son tres bloques de 10 vecinos, mañana solo darán 15 y al día siguiente las otras-

Adorna me siguió contando y me dijo que un compañero del Ayuntamiento seguramente iría por la tarde a dar la noticia a los demás vecinos y confirmar quien eran los primeros en recibir las llaves, yo le dije que por supuesto no diría nada. Comimos y siguió la rutina de todos los días, las vecinas en sus tareas diarias y yo... no se cuantas veces limpie el hule de la mesa esa tarde, ni cuantas veces fregué los platos. Estaba nerviosa porque la tarde iba pasando y no llegaba nadie.

Sobre las seis llegó por fin la persona que esperábamos y nos dijo que todos saliéramos al patio, así lo hicimos y empezó a explicar lo que nosotros ya sabíamos. Nos informó que los bloques primeros eran el 11 y 13 y los 15 nombres. Nos entregó documentos para leer y rellenar que debíamos llevar junto con los DNI y libro de familia. Nos informó que así irían diciendo poco a poco, después de la calle Tanguillos serían los de la calle Caracoles.

Creo que los únicos que sabíamos la entrega de llaves eramos nosotros porque eran muchas las preguntas -¿si nos dan las llaves nos podemos ir mañana mismo?-, Adorna les dijo que no creía porque no teníamos ni luz ni agua, no dijimos lo que sabíamos y la verdad, al ver la alegría de todos, sus llantos, sus risas, también acabé llorando. Mas tarde todos brindamos con lo que cada uno tenía, cerveza, vino tinto... muy contentos. Se hizo la hora de cenar y acostarnos, terminaba un día de emociones y secretos, el día siguiente era el comienzo de una nueva vida junto a mi familia y en "mi casa".

A la mañana siguiente todos nos levantamos muy alegres. Adorna vendría a media mañana para ir juntos. Llegó temprano el mismo señor del Ayuntamiento del día anterior y nos dijo que a las 12 debíamos estar allí todos los nombrados y nadie más, todo era por hacer las cosas tranquilos y sin mucha gente. Nos advirtió que si todo se hacía con calma y sin problemas al día siguiente se entregarían otra 15 llaves.

El camino mas cerca para llegar pronto era la Cruz del Campo, así que nos fuimos tres o cuatro vecinos con los niños. Al llegar nos esperaba un chico joven y nos dijo que hasta no llegar todos no empezaría la entrega.

El primer piso que se abrió fue el tercero izquierda de la calle Tanguillos 11, luego los dos quintos (el izquierdo era el nuestro) el que yo había elegido de broma aquel día que fuimos de paseo. 

Abrimos el piso,  tenía tres habitaciones, un salón de 5 metros ancho y 7 de largo, la cocina no muy grande y un cuarto de baño con todo lo necesario. También en la azotea teníamos nuestro espacio cada vecino para tender y en la cocina una pequeña pila para lavar. Pero lo mas bonito era un balcón de dos metros y medio que comunicaba con el salón con dos puertas de cristales.

Un palacio nos pareció, el mas bonito de nuestra vida. Por fin mis hijos tendrían su habitación, nos miramos emocionados, la misma emoción que siento hoy al escribir estos recuerdos. A lo largo de mi vida he tenido mas casas pero ninguna como en la que se criaron mis hijos.

Los niños empezaron a correr de un lado a otro, Margarita muy rápida eligió habitación y llamó a su hermana para decirle:

-Mira Inma... ven..., este es nuestro dormitorio-

El padre y yo nos reímos porque había elegido la mayor.

Estuvimos un buen rato viéndolo todo, nos habían advertido que apuntáramos si veíamos alguna cosa en mal estado como cristales, grifos, suelo, azulejos, puertas... Adorna fue apuntando todo. Cuando nos pareció que todo estaba bien mirado, nos decidimos a marchar pero los niños no querían, les dije que iríamos a ver a la abuelita y contarles que ya habíamos visto nuestra casa y decirle que viniera al día siguiente con nosotros. De esa forma pude convencerlos y Adorna pudo cerrarla puerta.

Cuando llegamos a casa de mi madre, no nos esperaba. Los niños empezaron a gritar y contarle todo lo que habían visto. Ella no tenía comida preparada para tantos y yo, nunca he tenido pereza para la cocina, me puse manos a la obra y hice de comer para todos. Estaban comiendo los niños cuando llegaron mis hermanos, cuando terminaron nos pusimos a comer los demás y ellos se fueron a jugar al jardín.

Le contamos todo lo ocurrido, ellos quedaron en ir al día siguiente a verlo y mi madre dijo que no, ella iría cuando ya viviéramos allí. Les conté que Inmaculada estaba muy bien y le habían dado el alta médica pero tenía que hacerse analíticas cada 3 meses, mi hermano Manolo nos dijo que él nos acercaba en el coche al refugio cuando ya vimos era hora de marchar. Mi madre al darme un beso de despedida me dijo que estaba muy contenta de vernos a nosotros tan felices.

Esa noche en el refugio fue una fiesta, unos porque al otro día se marchaban y otros porque lo harían pronto. Seguramente no viviríamos juntos, cerca sí, pero no en la  misma calle, así que preparamos una buena mesa con comida, bebidas, de lo poco que teníamos y estuvimos hasta tarde comiendo y riendo, los niños jugando. Esa noche creo que todos nos fuimos a la cama y no tardamos en dormirnos mucho tiempo.

Cuando a la mañana siguiente desperté era otra persona, me había cambiado el carácter. Nada me parecía difícil conseguir, ni me asustaba no tener dinero ni el trabajo que me quedaba por delante hasta tenerlo todo listo. Lo primero un café y empece a preparar cubos, escoba (aún cepillos no había para barrer) estropajos, trapos para los cristales o periódicos...

Estaba preparándolo todo cuando llegó Adorna, en el trabajo le habían dado 8 días de permiso para la mudanza, hacer contratos de luz y agua. También le dejaban un camión para el traslado.

Llegamos al piso y empezaron los primeros problemas, no teníamos agua ¿como limpiar?. Adorna con otro vecino del segundo se encargaron de subir cubos de agua de la manguera de la calle (aún seguían los trabajadores terminando cosas) y llenar las bañeras, así podíamos las mujeres ir trabajando. 

Los niños jugando, sube y baja escaleras. Francisco Javier una de las veces cayó unos cuantos escalones rodando y Adorna se asustó y me dijo, deja todo lo que estés haciendo, lo importante es que no pierdas de vista a los niños a lo que yo le dije, no. Tu ya has subido el agua, quédate tu pendiente de ellos que yo sigo que la limpieza. Así lo hicimos hasta muy entrada la tarde y la verdad es que el niño aprendió ese día a bajar y subir porque nunca mas se cayó por las escaleras y tenía dos años cuando llegó al piso, claro que siempre su hermana Margarita tenía cuidado de los dos, no había cumplido aún ocho años pero siempre fue muy responsable, siempre pendiente de todos, quizás por mi culpa se hizo mayor antes de tiempo por exigirle siempre que cuidara de sus hermanos.

Sobre las tres y media llegó mi hermano Manolo, nos trajo bocadillos. Comimos en el suelo en una manta, nuestra primera comida en casa y sobre las seis lavé a los niños, todo estaba ya limpio y antes de marchar me quedé mirándolo todo y dije: -Que bonito es mi piso- Mi hermano Manolo dijo que tenía mucha razón y que tenía mucha luz y la terraza muy bien orientada pero que mucho cuidado con los niños, era peligrosa la altura que había y que no olvidara que los niños habían vivido en un bajo hasta ese momento y les llamaría la atención mirar por ella. Miré a Adorna y creo que los dos pensamos lo mismo, mi hermano hablaba poco pero siempre era para decir algo importante y que nos hacía reflexionar. Cerramos y nos marchamos, seguramente el día siguiente ya podríamos dormir allí.

                                           Abril 1965 nos entregaron las Escrituras del piso.



lunes, 14 de marzo de 2016

23ª Parte del Resto de mi vida

Inmaculada iba mejor. Margarita estuvo unos días castigada pero el padre me dijo:

-¿No querías que tuviera amigos?, pues desde ahora eso es lo que nos espera-

El 3 de Febrero cumplía Francisco Javier 2 años y nos fuimos a casa de la abuela a celebrarlo, con ella y sus tíos.

Estábamos comiendo y mi hermano Gonzalo nos dijo:

-Tengo una noticia que daros: ¡me caso!... Ya he conocido a los padres y algunas de sus hermanas-

No nos sorprendió la noticia, era algo que esperábamos en cualquier momento ya que llevaba meses con la novia.

Para la merienda volvimos al refugio y así podía también celebrar el niño su cumpleaños con los amigos.

Los recuerdos que tengo del tiempo que pasamos en el refugio son buenos, todos los vecinos eran buenas personas, padres trabajadores como nosotros con 3 o 4 hijos la mayoría. Pronto hicimos amistad, Dolores es la que estaba mas cerca y su marido nos preguntó esa tarde los años que cumplía el niño, hasta entonces no habíamos hablado, le dije que 2 y no se lo creía, hablaba muy claro y con mucho vocabulario. Le hablamos siempre claro a los niños e intentamos que fueran educados, habían estado mucho tiempo sin trato con niños y mucho con adultos pero Francisco Javier llamaba la atención, siempre que le daban un caramelo o una chuche, decía gracias señor. Eso al marido de Dolores le hacía gracia y lo buscaba cada día para darle algún regalito.

Con todo el ajetreo pronto se quedó dormido y no tardaron las hermanas. Al quedarnos tranquilos esa noche hablamos de lo que se venía encima, montar una casa. No teníamos nada mas que las camas y la cuna del niño. Una mesa plegable y cuatro sillas, ropa de cama y pocos utensilios de cocina, era una preocupación grande: ¿ qué haríamos cuando nos trasladáramos al piso?. No dejábamos de darle vueltas al tema porque además había que pagar a la entrega de llaves 1.600 pesetas que no teníamos y que nadie cerca nos podía prestar, ni mi madre, ni mis hermanos.

Me costaba mucho dormir, lo único que me ayudaba era escuchar la radio hasta caer rendida y eso era siempre muy tarde.

El día era siempre igual, la comida la hacíamos en la habitación, algunos tenía cocinas de carbón, otros hornillos eléctricos. Los lavaderos eran comunes y dejábamos la ropa en agua con jabón y lejía por la noche para el día siguiente lavar y tender. Nos ayudábamos todas, estábamos pendientes unas de otras para lo que hiciera falta. Yo cuando tenía que ir con Inmaculada al médico, Dolores y Encarna se preocupaban de ayudarme en esas tareas y cuidar a mis hijos, al igual que yo si ellas tenías algo que hacer fuera del refugio.

La convivencia en el refugio fue una experiencia buena para todos, los niños empezaron a valorar los amigos y yo a los vecinos, hasta ahora poca vida fuera de casa habíamos tenido. Doy gracias a Dios por la suerte que he tenido en tener cerca siempre buenas personas y ahora añadía buenos vecinos.

Muchos no eran como yo había pensado antes de la mudanza, el tiempo me diría si me equivocaba o en verdad eran todos buena gente.

A mediados de febrero un mediodía llegó Adorna con buenas noticias, posiblemente para finales de Marzo estaríamos en nuestra nueva casa.

Esa tarde nos pusimos de acuerdo varias vecinas con los niños en ir a dar un paseo hasta la zona donde estaban los pisos. Todo era campo, teníamos que atravesar la vía del tren, huertas, terrenos cultivados... pero no estábamos lejos y el camino era corto. Al llegar a la obra empezamos a caminar por una calle larga, a la derecha había algunas construcciones y a la izquierda todo lo que sería el barrio, en la esquina había una torre alta de unos 12 pisos y a continuación eran bloques de 5 plantas, esa calle es lo que hoy conocemos por la calle Greco, era el fin de Sevilla (hoy muchos comercios y cerca de todos lados) había muchos pisos aún sin terminar. Íbamos eligiendo cual sería nuestro piso, muchas querían bajos, yo todo lo contrario. Elegí un quinto, último de un bloque. No olvidaba el miedo a las arriadas pasadas en casa de mi madre. 

Cuando pasaron las semanas y nos dieron la llave me sorprendí, nuestro piso era el que elegí ese día con las amigas, cuando aún era un sueño, fue suerte o Dios nos quiso premiar por tanto sufrimiento, eso nunca lo sabré.

Después de ese día casi todas las tardes íbamos para ver los avances de las obras. Una tarde preguntamos a uno de los obreros si quedaba mucho para acabar y nos dijo que no, solo el agua y la luz y nos preguntó porque queríamos saberlo. Le contamos que uno de esos pisos era el nuestro y mientras estábamos en el refugio viviendo, nos confirmaron que no tardarían ya que la calle estaba casi lista y nada mas se pudiera circular se darían las llaves.

Ya empezaba la cuenta atrás y teníamos el problema del dinero de la entrega de llaves, así que ese fin de semana fuimos a casa de mis suegros para ver si mi cuñada Adela nos podía prestar el dinero que nos hacía falta. 

Su novio estaba trabajando en Holanda, ella a la espera de poder ahorrar dinero para casarse. Sabíamos que era la única que contaba con la cantidad que necesitábamos. Ella nos dijo que lo consultaría con su novio y que cuanto necesitábamos, le dijimos 1.600 pesetas. 

-Si Paco dice que sí os lo doy mañana mismo pero no olvidaros que nos casamos en junio y lo necesitaremos-

Adorna le dijo que sin problema porque esperábamos algunas entradas extras en esos meses.

Mi cuñada Encarna se ofreció a pagarlo ella si no podíamos en la fecha de la boda. 

Mientras los niños jugaban nosotros les contamos como estábamos viviendo esos meses en el refugio, mis cuñadas quedaron en ir a visitarnos antes del traslado al piso y así fue, mi cuñada Adela nos dijo que Paco le había dicho que nos dejara 2.000 pesetas y sin problema, cuando pudiéramos ya se lo pagaríamos. Nos dieron una gran alegría, otro problema menos por ahora y en ese momento le dije a mi cuñada que contaran con nosotros para todo lo que necesitaran de la boda y ella me dijo que en pocos días iría de compras y si no me importaba acompañarla, le dije que sin problema.

Esa noche al acostarnos estábamos muy contentos, una preocupación menos y faltaba muy poco para tener nuestra casa.

Hoy he tenido un recuerdo que no he contado de una de las monjas del colegio, Sor Remedios. No se si recordáis, es a la moja que le pusimos mis compañeras y yo de mote: El Lobo Feroz. 

Pues no tendría Margarita 2 años, una tarde mi cuñado Juan, el que hizo la obra de casa de mi madre y mi padrino de bodas, trabajaba de celador en el Equipo Quirúrgico (casa socorro) en el Prado de San Sebastian, estaba cerca de donde trabajaba Adorna y se veían algunos días. Pues esa día le comentó que estaba ingresada y muy malita, así que fuí a verla. Cuando llegue había dos monjas con ellas, una Sor Josefina a la que salude y le dije que quería verla, me dijo que esperara porque estaba mal y sin ganas de ver a nadie. Al rato salió y me dijo que pasara. Me sobrecogí al verla, sin toca, solo con un gorrito blanco tapándole el pelo, muy delgada.

Se alegró de verme y me preguntó como estaba y que ya había llegado su hora. Yo le dije que no dijera esas cosas que aún le quedaba mucho para entregar la cuchara (algo que se dice mucho por aquí). La otra monja que estaba con ella era Sor Paz. 

Sor Remedios empezó a reírse y las otras dos también al verla a ella y me dijo:

-¿qué pasa María, es como el Ciprés de tu abuela?-

-¿Todavía se acuerda?-

-Pues claro que me acuerdo de eso y de muchas mas cosas de tí-

-Me alegro y por eso estoy yo aquí porque no olvido todo lo que hicieron por mí-

Seguí con ellas un buen rato, contándole cosas de mi niña, de Adorna, de mi madre. Al marchar le di un beso, el primero y el último. A las otras no porque si les había dado mas y seguiría teniendo tiempo. 

Todo esto lo quería contar porque me sentí feliz por dar una alegría a otra persona que ya no esperaba nada de mí y a la que hice sufrir con mis travesuras, la mas rebelde del colegio era la que iba a verla y dar un beso antes de morir y el recuerdo de esta visita vino a mi mente porque yo me sentí feliz cuando mis cuñadas vinieron a verme al refugio a decirme que contara con el dinero (algo que yo no esperaba).



  Mi madre, Inmaculada, Francisco Javier y yo en casa de mi madre 1965













viernes, 22 de mayo de 2015

22ª Parte del resto de mi vida...

Pasaron unos 15 días cuando una noche me di cuenta que Inmaculada tenía fiebre, a la mañana siguiente me fui al médico y Adorna se quedó con los niños. Fue un gran susto cuando el médico al reconocerla me dijo que podía ser hepatitis, me preguntó si habíamos tenido algún cambio en su vida rutinaria o si había nacido otro hermano. Yo le conté que el hermano casi tenía ya dos años y sí, nos habíamos marchado de la casa donde había vivido desde que nació junto a su abuela y sus tíos, además de nosotros. 

El médico me dijo que podía haberse provocado por tristeza o por haber comido algo, aunque no me lo confirmó hasta ver resultados de análisis en unos días. 

Cuando llegué le pregunté a los niños se habían comido algo de las huertas, uno de ellos dijo que si y me enseñaron lo que era. Le llamaban vinagrito (vinagrillo), una planta del campo con sabor a vinagre, su nombre "Oxalis pes-caprae". 


Me volví al médico y le explique lo que me habían explicado los chiquillos. No le dió importancia pero si me advirtió que debía tener cuidado con los vasos, cubiertos, etc. porque podía ser peligroso contagiarlo a los hermanos, no debían tener mucho contacto con ella  y a esperar que clase de hepatitis era y eso no se vería hasta que llegaran los resultados de los análisis, también me aconsejo que viera a la abuela y a los tíos todo lo que pudiera.

Vino mi hermano Manolo y se lo contamos, le pedimos que vinieran siempre que pudieran y trajera a mi madre y que cuando vinieran le dijeran que les gustaba mucho el sitio donde ahora vivía, sobre todo la abuela le debe demostrar que está contenta aunque no viva ya con ella. El médico daba casi seguro que todo era por tristeza del cambio de vida. 

Mi hermano se marchó triste y preocupado y no había pasado una hora cuando volvió con mucha fruta y alimentos sanos para que no le faltaran y al día siguiente a recogernos para ir a ver a la abuela. 

Mi madre no sabía fingir y al vernos entrar hizo un esfuerzo y sonrió diciéndoles -que alegría de veros, yo pensaba hoy ir  pero ya que habéis venido lo dejo para otro día y me quedo allí a dormir y estoy todo el día- Los niños se pusieron muy contentos y además les tenía muchas chucherías. Intentábamos tenerla siempre en brazos, esa tarde la abuela la tuvo mucho rato y ella estaba contenta y casi sin fiebre pero muy mal color.

A la semana siguiente cuando la vió el médico ya estaba mejor pero aún debíamos tener cuidado y seguir con el tratamiento que me había dado porque si era hepatitis pero no de las malas, con buena alimentación y cuidado pronto se pondría bien. 

Todo lo demás seguía tranquilo pero no por mucho tiempo. Pasarían unos días cuando una mañana después de desayunar Margarita y uno de sus nuevo amigos, Ignacio, junto a unos cuantos chiquillos mas se fueron a jugar al campo como todos los días pero pasaban las horas y fuero volviendo todos menos Ignacio y Margarita. 

Encarna, la madre de Ignacio, vino a verme por si sabía donde podían estar, no sabía nada y además no podía dejar a los niños solos para salir a buscarla, así que ella y otros padres se fueron a ver si los encontraban. Estaba muy nerviosa y disgustada cuando llegó Adorna que también salió a buscarlos. 

Los encontraron antes de hacerse de noche y ellos venían tan tranquilos cargados de trozos de mármol y sin saber lo preocupados que nos tenían. El mármol era para jugar al tejo, un juego popular en esa época y al parecer se habían ido cerca de donde estaban construyendo los pisos y encontraron mucho sin darse cuenta de que las horas pasaban.


Que susto nos llevamos tanto Encarna como yo. Hoy quiero que mi cariño y mi recuerdo sea para ella que todavía es vecina y a su hijo aún lo veo de vez en cuando y sigue siendo amigo de mi hija.



miércoles, 20 de mayo de 2015

21ª Parte del Resto de mi vida...

Por fin llego el día 10 de enero, día de mi padre y mi hermano Gonzalo, también el cumpleaños de Adorna, casualidades de la vida que parece pasan para nunca olvidarnos de ese día.

Adorna, como todos los días, se marchó temprano a su trabajo pero a las once de la mañana tuvo que volver a casa para recoger unos documentos, eran necesarios entregar cuando llegáramos al refugio, recogimos las últimas cosas y esperamos a que mi hermano Manolo llegara para llevarnos a los niños y a mí. A las cuatro de la tarde venían unos compañeros de Adorna con un camión del Ayuntamiento para llevarse los muebles, montar las camas y todo lo demás que era muy poco.

Sinceramente no recuerdo lo que pasó durante esas horas hasta que ya estuvimos instalados, solo me acuerdo que le dije a mi madre: -adiós hasta mañana- ella me miró y dijo: -hasta mañana-.

Hoy pienso que tuvo que ser tan duro el marchar que por ese motivo lo he olvidado y no consigo recordar nada.

Cuando los niños y yo llegamos ya estaba todo montado solo faltaba hacer las camas.

Al llegar me llamó la atención el patio, muy grande, lleno de niños de la edad de los míos y algunos un poco mayores. Casi todas las mujeres vinieron para ofrecerse por si necesitábamos ayuda. Muchas de ellas aún viven y sigo teniéndolas de vecinas, no hemos perdido la amistad.

Vuelvo a mis recuerdos y ahora si los tengo claro. 

A la hora de dormir esa noche no notamos diferencia nada más en el espacio, las camas y la cuna de Francisco Javier eran las mismas pero había mucho más espacio entre las cosas. Para mis hijos fue una novedad ver como en el centro del patio había un barreño con fuego, una gran candela donde todos se calentaban jugando alrededor. Esa noche costó que cenaran y poder acostarlos, eran muchas novedades las que estaban viviendo.

A la mañana siguiente, Adorna estaba de descanso, después de dar el desayuno a los niños teníamos la idea de ir a casa de mi madre para contarle como era todo y comer con ellos. Margarita me preguntó:

-Mama... ¿dónde están los juguetes?

Le dije en la caja que estaban y le pregunté para que los quería, ella me contestó que no iba a casa de su abuela María sin su muñeca Margarita.

Os cuento la historia de esta muñeca. No sé si os acordáis de la señora que tenía la tienda en mi casa, en el local que mi madre alquilaba y se llamaba Cristina, me imagino que sí. Pues en uno de los viajes que hizo a Barcelona tendría Margarita cinco años, le trajo una muñeca y mi madre fue con ella a la tienda para recogerla, entonces Cristina le dijo:

-Mira la muñeca que me encargó la abuela que te comprara- (yo nunca supe si fue ella la que se la regaló o mi madre la pagó pero para Margarita siempre fue la muñeca que su abuela le había regalado).

Con esta muñeca pasaron muchas cosas que más adelante os contaré.

En fin, ella buscó su muñeca la abrigo bien con una toquilla que yo le había hecho y los hermanos cogieron lo que quisieron y nos fuimos para ver a mi madre. 

Cuando llegamos lo primero que Margarita le dijo a la abuela fue:

-Mira... traigo a mi muñeca a verte.

Mi madre la miró y le dió un beso. Le conté como era aquello, estaba muy bien, teníamos una ventana grande por donde entraba mucho sol y cuando ella quisiera mi hermano Manolo la llevaría a verlo. Le eché una mano en los trabajo de rutina de la casa, cambio de sábanas, arreglo de dormitorios, ahora cada uno tendría el suyo y mi madre en nuestra habitación. Mientras hicimos la comida, Adorna se llevó a los niños para saludar a los vecinos y despedirse, cuando yo acabé la comida me llegué a casa de mi amiga Ana, la señora que me hizo el traje de novia. Al regresar ya habían llegado mis hermanos y comimos todos juntos. Sobre las cinco de la tarde mi hermano Manolo nos preguntó si queríamos ya marchar, él nos iba a llevar en el coche. Los niños saltaron de alegría, muy contentos de que su tío los llevara y cuando llegamos poco más que contar, el día había sido cansado y pronto nos fuimos a la cama.

A la mañana siguiente ya empecé a notar la diferencia de vivir allí y no en casa de mi madre, en casa de mi madre todo era tranquilo, allí mucho ruido desde temprano. El panadero, el lechero, la fruta, el cisco y carbón, en fin... todos los vendedores iban hasta allí ya que donde se encontraba el refugio era campo y no había tiendas alrededor, solo existía la iglesia de San José Obrero y el refugio

Alrededor habían muchas vaquerías y huertas. El día anterior nos costó que los niños vinieran con agrado a casa de la abuela, al levantarse y ver a todos los niños jugando en el campo sin peligro ninguno ellos también querían aunque eran pequeños y se convencieron pronto. Para ellos eso era una novedad porque en casa de mi madre tenían poco espacio para jugar, correr, etc.

No muy lejos, enfrente de donde estaba el refugio, había un bar y todas las tardes los padres que podían pagar un café también llevaban a sus hijos para ver los dibujos animados en la tele. Nuestra idea al marchar era ir todos los días a casa de mi madre a comer pero una vez allí decidimos que eso no era bueno porque los niños debían irse acostumbrando a esta nueva vida. Cuando se lo dijimos a mi madre ella no dijo nada pero Margarita le dijo:

-Abuelita... allí hay muchos niños y podemos jugar en el campo.

Yo intervine y le dije que no iríamos todos los días pero si cada dos o tres y los días de descanso de Adorna todo el día. Ese día al marcharnos creo que mi madre ya se quedó más triste pensando en que tardaríamos en volver pero como siempre, ella no dijo nada solo al decirle yo adiós hasta pasado mañana ella me dijo: -hasta cuando quieras- a lo que le dije - eres tonta- y le di un beso.

Cuando llegamos, los niños se fueron a jugar pero era enero, hacía frío y pronto se vinieron al dormitorio, cenamos y a dormir. Yo pensé: -así será todos los días-  Pero estaba muy equivocada.

Llevaríamos una semana cuando empezaron las visitas de los compañeros de Adorna para pasar la tarde con nosotros, una de esas tardes vinieron Nogales y María con sus tres hijos. Eran de las mismas edades que los nuestros. Los niños se fueron a jugar al campo, nosotros tomando café y charlando cuando de repente escuchamos una sirena de ambulancia que pasaba cerca y cual fue nuestra sorpresa cuando vinieron los niños corriendo y gritando, la que más gritaba era la pequeña Toñi y solo decía - papa la po la po policía...- se creyó que la sirena era de la policía y todo fue por una broma del padre que al llegar esa tarde nos había dicho -vamos a ver... ustedes os vais a la cárcel o a un refugio pero donde sea nosotros venimos a veros-. Cuando se tranquilizó le contamos que ahora vivíamos allí pero que la policía no iba nunca porque vivían buena gente que esperaban allí mientras nos daban una casa.

Como todo se aclaró volvieron a salir corriendo para seguir jugando tan contentos y nosotros nos llevamos un buen rato riendo por el susto de la niña, cuando empezó a oscurecer llamamos a los niños y como era nuestra costumbre siempre que nos reuníamos terminamos cenando “pescaito frito" Adorna y Nogales fueron a comprar, se hacía tarde y se tuvieron que marchar, al día siguiente sus hijos tenían colegio, los nuestros aún no habíamos podido llevarlos para matricular por no saber dónde nos darían la casa y la única que estaba en edad era Margarita y su padre se encargaba de darle clases todos los días.


Pensando hoy en las comidas que siempre organizábamos, una pena que aún no existían las pizzas...cuanto trabajo hubiéramos ahorrado, la verdad... eran otros tiempos quizás con menos cosas materiales pero felices, disfrutábamos con lo que teníamos y nuestros hijos junto a nosotros. Estuvimos en el refugio 54 días pero mis hijos fueron felices y aún lo recuerdan.


Este es el plano donde se estaban construyendo los pisos donde pronto iríamos a vivir

viernes, 20 de marzo de 2015

20ª Parte del Resto de mi vida...

Empezaba la cuenta atrás, el día siete empecé a recoger cosas que faltaban en mas cajas de cartón, cuando estaba mas tranquila mi madre me dijo:

-María tengo que decirte una cosa. Cristina quiere traspasar la tienda a otra persona, es un joven que se llama Benjamín Dice que me dará 25 duros mas por el alquiler y el lunes ya empezará a venir- ¿qué te parece?-

-¿Mis hermanos lo saben?

-Sí... a ti no te he dicho nada en estos días.

-Mama... si a ti te parece bien, a mi también.

Ese día ahí se quedó el tema del traspaso, al terminar lo que estaba haciendo fui a ver a Cristina y ya me contó que ella y mi madre no habían querido decirme nada esos días para no disgustarme pero que ella había conseguido subirle la renta y la mitad del traspaso. Ella no podía seguir mas con la tienda por la enfermedad de su hija Cristina que hacía unos meses que había tenido meningitis y gracias a la Penicilina se había salvado (en aquellos años muchos niños murieron o quedaron con minusvalía por esta enfermedad).

Cristina vió que me daba pena el que ella se marchara y me dijo que por ese motivo no había querido decirme nada en los días de Navidad pero que no me preocupara ya que ella vendría a ver como estaba mi madre cuando yo me marchara (ella vivía cerca en el mismo barrio).

Yo le dí las gracias y le dije que pensaba venir todos los días a dar una vuelta. Ese día fue triste porque era algo que me tranquilizaba, saber que Cristina estaba cerca de mi madre cuando yo marchara.

Cuando llegó Adorna le pregunté si el sabía algo y me dijo que sí, se lo había contado mi hermano Manolo pero que eso era cosas de ellos y no teníamos nada que ver, no era mal trato el que habían conseguido.

Aquellos días no me daba tiempo a nada, los días eran mas cortos al menos eso me parecían a mi. Seguramente eran tantas las cosas que hacer que el tiempo pasaba volando.

Llegó el lunes y vino el nuevo inquilino, nos pareció bien. Una persona educada y muy joven pero con ganas de trabajar y crearse un futuro.

Nosotros todos los días le hablábamos a los niños de la mudanza, que el tito Manolo nos llevaría en su coche a donde viviríamos durante poco tiempo y que pronto ya tendríamos nuestra casa... Tan pesados nos pusimos que un día Margarita nos dijo:

-No contarme mas lo de la casa... ya lo se todo.

Nos quedamos de piedra y sin saber que decir.

No volvimos mas hablar del tema pero sí los hacia participar de todo lo que llevaba la mudanza pidiéndoles que me ayudaran y así los entretenía, una de sus tareas era escribir en las cajas que había dentro. Cuando pensé que cosas me llevaría de la cocina me dí cuenta que poco podía ser, algunos platos, cubiertos y poco mas, todo lo demás mi madre lo necesitaba.

No se si recordáis aquel viaje que hicimos con los amigos del teatro al que vinieron los niños con nosotros en unas vacaciones y cuando volvimos Margarita sólo sabía sacar ropa y zapatos míos y ponérselos, pues ahora llevaba unos días que sólo sabía dar saltos por la cama peleando con algún amigo imaginario, mas bien enemigo a como parecía que le pegaba.

Tardamos en comprender a qué se debía, pensábamos que era por llamar la atención y no, es que mi hermano Manolo la había llevado en los días de Navidad al cine, unos días antes de Reyes. (Parece mentira, ahora al escribir me vienen los recuerdos de la primera vez que Adorna y yo llevamos a mi hermano Manolo al cine cuando salió del colegio y ahora era él quien llevaba a mi hija, la vida siempre te recompensa de las cosas buenas que haces, al menos conmigo lo ha hecho muchas veces).

En recuerdo de mis hermanos Manolo y Gonzalo (El Chico)

La verdad es que al padre también le gustaban las películas de acción pero me preguntaba -¿qué película a visto esta niña?- No dejaba de dar saltos y no recuerdo las cosas que rompió aquellos días. 

Ha sido ella la que me dijo el título de la película cuando le leí hoy lo que estaba escribiendo, se acordaba aunque era muy pequeña, se llamaba El Santo (el enmascarado de plata), de lo demás no recordaba mucho mas pero el argumento y el título me ha dicho que nunca lo olvidaría ni tampoco que su tío Manolo la llevaba siempre que podía al cine.

Poco mas puedo contar de aquellos días, solo que fui de compras varias veces porque era mucho lo que hacía falta para empezar una nueva vida en otra casa, esa noche me acosté y pensé que debía estar tranquila los días que faltaban, no ya por mí si no por mi madre. Ella cuando me veía recoger y guardar en caja se ponía triste, sufría aunque no dijera nada. Por esto decidí esa noche que ya no recogería nada mas, aprovecharía los pocos días que faltaban para marchar en disfrutar de la compañía de mi madre y mis hermanos, lo que se olvidara... ya me lo llevaría otro día.









lunes, 2 de marzo de 2015

Disfrutando viendo a Concha Velasco...

Feliz día a todos, este fin de semana pasado disfrute mucho. Volví al teatro que tan buenos recuerdos me trae, el Lope de Vega, disfruté viendo a Concha Velasco en la obra Olivia y Eugenio.

No la veía actuar hace ya 3 años, mas o menos, no recuerdo bien la fecha en la que vino con otra obra a Huelva y allí nos desplazamos para verla, ese día pudimos disfrutar de su compañía después de termina la actuación y cenamos juntas, venían conmigo una de mis hijas, una amiga y con ella una de sus nueras, fue una noche para recordar.

Esta vez me acompañaron mis hijas y mi yerno, también pudimos charlar un rato con ella en camerinos al acabar la obra y le llevé con mucha ilusión mi libro dedicado.

No hay que decir que es una de las grandes actrices española, la obra muy original y actual. Su trabajo sobre el escenario, durante una hora y media, insuperable y su compañero de reparto, Rodrigo Raimondi, muy bien.

La obra trata casi todos los temas de actualidad pero sobre todo te encogen el corazón por su ternura, inocencia, miedo a morir, alegría de sentirse vivos. 

Sólo me queda por decir "ole" el teatro, nunca podrán acabar con él por mucho que recorten presupuestos y ataquen a la cultura en este país.





viernes, 27 de febrero de 2015

19ª Parte del Resto de mi Vida

Por fin llegaron las Navidades y todo nuestro interés era que saliera bien la comida pero sobre todo los Reyes, tanto de los niños como de los mayores.

Recuerdo que lo primero que compró Adorna fueron dos paraguas, uno rosa y otro celeste, se los trajo un compañero conductor de autobús de La Línea, dos muñecas y un cochecito grande de capota para las muñecas.

Estos Reyes debían ser especiales, ya habíamos pasado mas en la casa desde que nos casamos pero ahora ya Margarita era mayor y Inmaculada también, Fracisco Javier aún no pero tenía casi dos años y ya se daba cuenta de las cosas. Y claro surgió el miedo:

-¿Donde guardaba yo todas las cosas para que no las vieran?

La casa estaba llena de cajas para la mudanza, así que los paraguas encima del ropero y todo lo demás camuflado entre las cajas, seguro que por unas cuantas mas ellos no lo verían. El coche de las muñecas como era muy grande lo dejamos en casa de mi amiga Cristina, la señora que tenía la tienda en mi casa. Ella me dijo que sin problema ella me guardaba todo lo que necesitara y vi el cielo abierto llevando todas las cosas que le traía Adorna porque fue encargando a sus compañeros de la Estación de Autobuses de todo, principalmente de la ruta de Algeciras- La Línea, era todo mas barato y se encontraban cosas nuevas que en Sevilla era mas difícil encontrar. Compramos ropa de cama, toallas y cosas de vestir para mis hermanos y mi madre. Gracias a que Adorna tenía paga extra y mas de media se fue en los gastos de Reyes.

Ahora pienso que desde siempre, tanto para mis hermanos como para mis hijos, estas fiestas fueron especiales quizás por el recuerdo y la ilusión que aquel año pusimos Adorna y yo en ello.

Aquella noche de Reyes, cuando ya cenamos y conseguimos que los niños se acostaran temprano como todas las noches, tuvimos problemas porque Margarita no se dormía. Ella decía que no podía y estaba muy nerviosa, así que le dije a Cristina que no podía ir por las cosas hasta que no se durmiera. Decidimos que Adorna se acostara con ellos y les leyera un cuento como hacía muchas noches, mientras yo fui por todas las cosas y las escondí como pude en la cocina.

Fingí que me iba ya a la cama y cuando Margarita me vio desnudarme me preguntó:

-¿Mama... quien les abre la puerta a los Reyes?

-Ellos son magos y saben como entrar pero lo que esperan es que los niños se duerman, si no lo hacen, pasan de largo porque temen asustar a los niños pequeños con sus barbas y camellos y ya ves que Inma y Francisco Javier son muy pequeños, tu no porque eres mayor.

Creo que eso fue lo que la tranquilizo un poco pero no había forma de que se durmiera, primero se quedó dormido Adorna y luego yo, al final ella también.

Cuando llevaba un buen rato dormida mi madre entró en mi cuarto y me toco con mucho cuidado en un pie. Yo me desperté de un salto y llamé despacio a Adorna, nos levantamos y nos fuimos los dos para la cocina. Lo primero que hicimos fue tomarnos un café del frió que teníamos. Le dije a mi madre que se acostara, la pobre no se había acostado no fuera que nos quedáramos dormidos y despertaran los niños antes que nosotros.

Aquí nos tenéis a los dos, tiritando de frió y por encima de la cama intentando colgar los paraguas en la galería de las cortinas. Pasamos a Francisco Javier a nuestra cama para poder poner en la cuna el coche de las muñecas, en la peinadora una guitarra, una camioneta, una pelota, etc. y en el comedor todo lo que le habían traído los Reyes a mi madre y mis hermanos. Todo con sus nombres y empaquetado, terminamos cerca de las dos y pusimos el despertador a las cuatro y media porque Adorna entraba a trabajar a las 6 y quería disfrutar de ver las caritas de los niños antes de marcharse.

A las cuatro y media sonó el despertador, Adorna y yo nos hicimos los dormidos y Margarita empezó a decir:

-Papa... mama... no han venido los Reyes.

El padre le dijo:

-Despierta a la hermana y enciende la luz.

Así lo hizo y creo que no solo despertó a la hermana si no a media barriada entre las dos dando gritos y el niño llorando a su lado. fueron corriendo a llamar a su abuela y a los titos, decían:

-Venid... venid... mirad cuantas cosas han dejado los Reyes Magos, abuela y para ti también.

Se levantaron mis hermanos con unas caras de asombro y dormidos, yo me hice la medio dormida con el niño  aún llorando en mis brazos. Cuando se tranquilizó también empezó a mirar sus juguetes. Lo que le llamó mas la atención fue la guitarra  (parece que eso lo definió para toda la vida porque aún sigue disfrutando con ellas).

Margarita era la que mandaba, los paraguas le gustaron pero lo dejaron bastante tiempo colgados, mientras disfrutaban de otras cosas.

Yo hice café y les dije que si habían mirado en el dormitorio de la abuela y en la cocina. Salieron corriendo, hoy recordando sus caras he recordado otro momento de ilusión que no he contado. Cuando mi hermano Gonzalo (el Chico), se fue a Barcelona a trabajar a su regreso les trajo regalos de allí. Fueron una gallina que ponía huevos, un oso que daba vueltas y un perro que tocaba el tambor, tenían mas juguetes y Margarita se encargaba de que sus hermanos no los rompieran, así que fueron sacando todo lo que tenían mas lo nuevo y se pusieron a jugar, a su tío Chico le hizo mucho ilusión ver eso y ellos aún después de muchos años recuerdan ese momento.

Adorna empezó a vestirse para ir a trabajar, los tíos volvieron a la cama, mi madre y yo esperando que se marchar y que ellos se cansaran. El primero fue el niño y al rato las niñas. Mi madre y yo aprovechamos también para descansar unas horas pero la calma duró poco porque sobre las diez ya empezaron otra vez los gritos y las risas. Pasamos la mañana jugando con ellos hasta que llegó Adorna a la hora de comer, descansó un poco y a jugar con ellos.

Esa noche estabamos rendidos todos y pronto nos fuimos a la cama, muy felices. Así terminó la última noche de Reyes que pasaríamos en casa de mi madre.

Margarita