Blog Oficial de la actriz y escritora Sevillana María de Adorna

Bienvenidos a la web oficial de María Muñoz Ballesteros, más conocida como "María de Adorna". Actriz sevillana, mujer con carácter, apasionada y luchadora. Artista Sevillana, dedicada en cuerpo y alma a su gran pasión "El Teatro". Sus recuerdos, sus pensamientos, sus pasiones, SU VIDA.

En este lugar se intentará dar a conocer a esta artista, escritora y actriz sevillana de 84 años que pese a su edad no ha dicho no a las nuevas tecnologías. Ella contará sus recuerdos, hará memoria de su vida paso a paso. Una Guerra, una Niña, un Amor único, un Trocito de Historia.

viernes, 13 de diciembre de 2013

6ª Parte del Resto de mi Vida...

El 17 de Octubre fue el bautizo. El cura preguntó si el nombre era por el día que era, Santa Margarita, Adorna dijo que no, había sido casualidad. Yo no pude ir porque entonces la madre no podía asistir a los bautizos de sus hijos. Mi madre fue la madrina y mi cuñado Juan el padrino.

Parroquia de Santa Genoveva 

Yo en casa preparándolo todo, fue un día muy especial porque teníamos muchos amigos del barrio, el teatro, el trabajo de Adorna y familiares. La verdad es que todo el mundo nos ayudó. En la Estación de autobuses el marisquero nos regaló gambas, en Los Palacios Paco Cabrera el vino, de Aracena la empresa de los autobuses un jamón. Yo hice ensaladilla y tortillas de patatas y mi suegra me traía un salchichón que había comprado mi cuñado Juan.



Cuando al día siguiente mi cuñado me preguntó si estaba bueno el queso, yo le dije:

-¿Qué queso?

-El que compré y traía mi madre con el salchichón.

En ese momento Adorna intervino diciendo:

-Es que como llegaron y vieron tantas cosas, pues no sacaron el queso.

Mi cuñado Juan se enfadó mucho pero Adorna le quitó importancia y a mi me dió por reír, mi madre también, al final todos acabamos riendo, incluido mi cuñado. 

Pero no todos estábamos felices, mi madre  estaba triste porque mi hermano Antonio se casó 5 meses después que yo y no vivía ya con nosotros, había tenido un hijo que nació en nuestra casa, yo fui la madrina. Se llamó Antonio como su padre, a los 4 meses se marcharon a vivir a otro barrio y mi hermano por su trabajo no pudo asistir al bautizo de mi niña. Todos estábamos disgustados, en especial mi madre. 

Todo lo demás iba bien. Mi hermano Manolo y mi Chico estaban locos con la niña. Estaba hermosa y solo con el pecho hasta que tuvo 16 meses, entonces empezaron los enfados con Adorna y mi madre porque la niña era malísima para comer, empezaba a llorar, no quería de nada y eran tales los berrinches que acababa vomitando lo poco que comía.  Era lista porque ella sabía muy bien cuando podía llorar, si estaba sola conmigo no pero si estaba la abuela o el padre no había forma de que comiera bien. Yo estaba cansada de pelearme con los dos y un día que la lleve al pediatra por una consulta rutinaria me dijo que tenía un poco de endebles. Le mandó un tratamiento de comida y de vitaminas.

Con mi forma de ser y mi genio, cuando salí del médico empecé a decir:

-Me alegro... me alegro...

Cuando iba en el autobús me di cuenta de lo burra que era y empecé a llorar y mi niña me miraba sin explicarse que me pasaba, la achuche y me la comí a besos y a decirle no mi vida, no me alegro, Dios mío perdóname pero el padre y la abuela se van a enterar.

Llegué a casa y estaban los dos juntos, les dije:

-Cuando tenga yo que darle de comer estaré sola con ella y ninguno de ustedes dos estaréis. 

Como de enfadada estaba que me miraron y no dijeron nada. 

Los primeros días cuando empezaba a darle de comer lloraba y decía papi, lela... pero yo le decía:

-Si comes un poquito llamo a papi y viene del trabajo y a la lela también que ahora está en casa de la vecina, así conseguí que comiera.

Cambié las costumbres, la despertaba todos los días a las nueve para el desayuno, aunque estuviera muy dormida. Jugaba con ella hasta que desayunaba y a la una mi madre se metía en su dormitorio, yo le daba de comer y poco a poco fue cambiando, claro que siempre la animaba diciéndole que papi venía si ella comía. Cuando Adorna llegaba a las 2 de la tarde el pobre no la veía despierta.

Pasaron unos meses cuando volví al médico, me dijo que ya estaba bien y que siguiera como iba.

Nosotros seguíamos con el teatro como podíamos, juntos o separados. Yo a veces no podía dejar a la niña y Adorna iba sólo.

Recuerdo un día que fuimos a un pueblo muy cerca de Sevilla, la niña venía con nosotros y cuando volvíamos en el autobús en el asiento de atrás dos mujeres no dejaban de hablar del campo, de las aceitunas, etc. Margarita se puso de pie entre el padre y yo y empezó a decir mirándolas:

-Calla... calla, calla, calla...

Todo el mundo empezó a reírse y las mujeres decían:

-Anda... mira la niña que mandona.

Esto nunca lo olvidamos el padre y yo fue una de las primeras cosas que habló. La verdad es que Margarita quería mas a su padre y a su abuela que a mí... al menos eso pensaba yo hasta que cumplió los tres años pero eso ya os lo cuento otro día.

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